noite de queima na cidade meiga
Cualquier noche es buena para arribar a La Coruña. Dice la canción popular que es mejor entrar en La Coruña de noche que en el mismísimo cielo de día. Y es que, cada vez que el nocturno se adueña de la ciudad, proyectando sus sombras sobre plazuelas y evocadores rincones, parece como si el alma coruñesa, ese íntimo espacio de vivencias y recuerdos, se liberase y mostrase todo su esplendor a los ojos de propios y extraños. Pero si cualquier noche es buena para llegar a Marineda, la Noche de San Juan, el hito festivo de mayor relevancia de todo el ciclo anual, es sin duda un momento mágico, inigualable, sin parangón posible con cualquier otra noche del año. El culto ígneo en la noche solsticial se vive, desde siempre, con intensidad en la ciudad. Calles y plazas rivalizan, con la perspectiva del tiempo como aval, por conseguir la mejor y más alta hoguera de cuantas se queman en esa noche cargada de poético significado. Desde Los Castros a Monte Alto; desde Palavea al Agra del Orzán, pasando por Eiris o por los Mallos, en cualquier esquina de cualquier barrio, se alza una hoguera o simplemente una sardiñada comunal con la que festejar la noche más corta del año que abre la puerta, de par en par, al recién estrenado verano. Lo que realmente importa es reunirse entorno al fuego para festejarlo y rendirle culto ancestral.
El atardecer comienza a inundarse con el peculiar olor a sardina asada. A la puerta de cualquier bar o de cualquier comunidad de vecinos, se prepara una parrilla donde asar tan delicioso pescado propio de este mes del año. “Por San Xoán a sardiña molla o pan”, dice el refrán popular en clara alusión a que es su mejor momento de comida.La noche va, poco a poco, cayendo sobre la ciudad y con las primeras sombras una riada de jóvenes comienzan su peregrinar hacía las playas de Riazor y Orzán portando cajas viejas y maderos. Como de la nada, en el amplio arenal formado por las dos playas, al pie de la gran hoguera, se van formando pequeñas piras de madera y cartón, listas para ser quemadas. Cuando suenan las once de la noche, comienza a desfilar la cabalgata que recorre el Paseo Marítimo, transportando a las Meigas, acompañadas de toda una algarabía musical, hasta la zona del Paseo donde está ubicada la gran Hoguera. Miles de coruñeses invaden el Paseo Marítimo, en su tramo comprendido entre las playas de Riazor y Orzán. alta poco ya para las doce, la hora mágica por antonomasia. Las pequeñas hogueras de la playa comienzan a encenderse una a una; pronto los dos grandes arenales formarán una especie de rosario ígneo que reflejará sus llamas en las tranquilas aguas de la ensenada coruñesa. Junto a ellas, otras de mayor envergadura iniciarán su cremación en la zona de Monte Alto y el Matadero. Será entonces cuando la ciudad entera, volcada hacía su mar, entone una especie de sinfonía en fuego mayor. No será difícil, en ese instante, ver a más de uno cumplir el rito purificador del baño de las nueve olas en las calmadas aguas de Riazor, otro de los tradicionales elementos en esta simpar celebración.
Las doce en punto. Miles de personas abarrotan la playa de Riazor. El fuego de las decenas de pequeñas hogueras se proyecta, iluminando la noche solsticial, confiriéndole un aspecto mágico, casi fantasmal. Una carcasa de fuegos artificiales disparados desde la Rotonda, visten de gala multicolor el cielo del recién estrenado verano coruñés. El gran instante ha llegado. La Meiga Mayor y la Meiga Mayor Infantil prenden fuego a la Hoguera que, en pocos minutos, es pasto de las llamas purificadoras. El rito anual del culto al fuego se ha cumplido.
1 mail
ResponderEliminar